Debe ser que en un descuido,
las cosas se vierten en un inmenso mar
donde las palabras nadan sin rumbo
y se pierden en lo azul, en lo lejano.
O simplemente este sentimiento oceánico
es tan profundo que no tiene más razón
que la del mismo agua: existir,
sólo por el hecho de existir.
Tal vez, rompa en olas silenciosas
en la costa más próxima a su sino,
a su verdadera razón de ser.
Se aplaca y aplaza automáticamente
conociendo su motivo sin sentido,
sin dar lugar a un pensamiento tangible,
dejándose llevar por un impulso casi primitivo,
por su tiempo incesante,
por sus agujas descosidas,
por sus alas libres,
en su ritmo nocturno,
midiendo el paso,
el minuto,
contando el segundo.
Acaso es, un presagio,
una verdad oculta,
una prueba hacia las rocas,
que inmóviles aguardan su llegada.
Un sin más, un punto final,
un punto de partida.
Es un sueño.
Despertar en la arena de tu alma,
y sentir que pasa lentamente,
que se vuelve a la verdad,
que se ve la realidad,
y que el mar se torna calmo,
para refrescar
el día que se prepara.
Buscando el tapón
donde río y mar desagotan
y renuevan su agua,
se dispone a navegar
por la húmeda turbulencia
del oceáno en calma.
agosto 08, 2011
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